La luz de la amatista llena mi aura al alba, cuando duermen la mayoría de los seres, cuando las almas comienzan a regresar a sus cárceles humanas.
El brillo ténue de la mañana limpia mi alma y toda ella se envuelve en un violeta poderoso, recio y cálido que la prepara para el inicio de un nuevo día.
Desde arriba veo mi cuerpo dormido, no sufre, no ama, tan solo descansa, olvida lo anterior y sueña con algo mejor. El sol comienza a despertar con más fuerza y eso hace que mi rostro se ilumine por la tímida luz que penetra por mi ventana.
Me veo desde allí y sé que tengo que regresar, pero aun es pronto, todavía puedo dar un último viaje, puedo acercarme hasta mi verdadero hogar y puedo volver a despedirme.
Mi verdadero hogar no está en esa habitación sino en otro lugar, en otra casa y al lado de mi amado. El duerme tranquilo, su alma flota sobre su cuerpo aun no ha entrado en él, sabe que volvería, siempre lo hago.
Su alma toma mi mano, me besa, acaricia mi rostro y en silencio me dice te amo. Debo marcharme no puedo retrasar más la vuelta a mi cárcel humana, antes le pido que nunca deje su cuerpo de buscarme y él mirándome con amor vuelve a besarme..... jamás dejaré de hacerlo, me dice........
Estoy de nuevo frente a mi cuerpo, ya no queda tiempo y sin poder evitarlo vuelvo al día a día de mi vida humana pero sin perder la esperanza de encontrarle de nuevo......
Despierto, comienzo a arreglarme para ir al trabajo y al mirarme en el espejo veo la luz de mi anillo, hoy con más luz de lo normal, una luz violeta que me produce paz, felicidad, tal vez por el recuerdo de un momento feliz en algún momento de mi existencia....

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