Comienzan a caer las hojas de los abedules, despacio, con delicadeza, como si les costase llegar a su fin, un fin que llega cada otoño y que recuerda un pasado lleno de luz y calor.
Comienzan a marcharse las aves, no todas, pero las que deciden partir se van de la noche a la mañana, con un vuelo perfecto, llevándoles a otras tierras, a otros lares donde resguardarse del frío.
El agua de los riachuelos baja más fría, anunciando lo que llegará más adelante y los animales preparan sus madrigueras y escondrijos donde dormitar por un tiempo.
En las cumbres de las montañas, el frío viento se va adueñando poco a poco de las rocas, desafiante a todo aquello que intente revelarse contra él. Sabe que se está haciendo cada vez más fuerte y que pronto reinará sobre todo aquello que decida quedarse.
Llega el otoño y detrás el invierno y con él vendrá el frío, el hielo, la nieve y el viento gélido del norte, el más frío, el más poderoso, el que acampará a sus anchas durante casi seis meses y la niebla, tímida, arropará en algunas zonas el manto de las almas perdidas.
Resguardaros de la fría niebla, aquella que hiela el dolor y te hace insensible a todo y a nada, una niebla que enmudece el alma ymata al ser ....

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