Sentada al borde del acantilado llegaron mis pies sin saber como pero sí por qué, porque me encontraba sin esperanza alguna, perdida, dolida por todo lo que la vida no me había dado y por lo que me dio cargado de dolor y sufrimiento.

Así me encontraba, sin esperanza, con la mirada perdida en el horizonte y un gran vacío en mi alma. Era tal el dolor que no podía respirar, un dolor profundo, cortante, un dolor que toda alma ha sufrido en algún momento de su existencia.... Sin esperanza, muerta por dentro o casi muerta, creí que ya no podría vivir en este mundo ni un segundo más, pero equivocada estaba cuando comencé a romper a llorar.

El llanto surgió de lo más profundo de mi ser seguido por un grito desgarrador que asustó al silencio que me acompañaba, las lágrimas rodaron sin freno alguno por mi rostro y mi cuerpo, comenzó a convulsionar.... el dolor de mi alma comenzaba a salir y a curar....

La soledad que en aquel momento me acompañaba se enfrentó a mí, desafiante, observando como aquel ser se moría por dentro para luego poder renacer como el ave Fenix y una luz tenue comenzó a asomar por el horizonte, reflejó mi cabello dorado, alumbró mis verdes ojos y acarició mi tez pálida entonces mi alma se alimentó de su energía y mi corazón se calentó con su calor. Había amanecido y con el nuevo día el dolor se mitigó....