Estaba allí, parada, mirando la mar como rompía en el acantilado. Las crestas rocosas se encontraban a mi izquierda eran majestuosas, imponentes, dignas de una tierra tan hermosa como aquella.

Mi alma salió de mi cuerpo y voló a gran velocidad hacia el espacio, de repente paró, miró hacia abajo y allí estaba el faro y mi cuerpo, descendió a gran velocidad y se introdujo en el agua, llegó hasta lo más profundo del mar y paró, el silencio de las profundidades calmó su dolor ygiró para mirar  hacia arriba, hacia la luz de la superficie, una luz tenue que siempre está allí, lejos, débil pero que cada vez que te acercas más a ella se hace más fuerte e intensa.

Mi alma cogió velocidad y como un delfín crucó el reino del mar para volver a mi cuerpo.........